Pedro Flores  

Ahora no fue Estados Unidos solamente, sino todo el Parlamento Europeo, quien solicitó al presidente Andrés Manuel López Obrador, frenar la «retórica populista» contra periodistas en la mañanera y recordó que “México es desde hace mucho tiempo el lugar más peligroso y mortífero para los periodistas fuera de una zona oficial de guerra», indicó el organismo. Además, refirió que alrededor del 95% de los asesinatos contra comunicadores permanecen impunes, lo que nos convierte realmente en un México bárbaro.  

Y repasando precisamente la obra de John Kenneth Turner, “México Bárbaro” publicado en el The American Magazine en noviembre de 1909 en donde se daba a conocer y denunciaba la persecución de la que eran víctimas los mexicanos que se enfrentaban a Porfirio Díaz, nos encontramos con muchas similitudes como las que hoy vive el país.  

El pueblo demostró muchas veces que no quería a Díaz como jefe de gobierno, pues en tres ocasiones se presentó como candidato presidencial sin éxito, a pesar de esto no argumento fraude electoral, ni pidió que se contara voto por voto y casilla por casilla.  

Al llegar al poder Díaz Mori, según señala el libro, instrumentó planteamientos que hablaban casualmente de tres cosas, no de un Aeropuerto, ni del Tren Maya ni de la refinería de Dos Bocas, sino de buscar: “el México moderno”, una gran tranquilidad al país y por tanto, debería considerársele como una especie de príncipe de la paz y que es un modelo de virtudes en su vida, el de ahora no se cree de la nobleza pero vive en Palacio Nacional.   

John Kenneth Turner asegura en su obra que el general Porfirio Díaz, sin ninguna excusa válida y sin otra razón que su ambición personal, inició una serie de revoluciones para dominar los poderes gubernamentales del país. Mientras prometía respetar las instituciones progresistas de Juárez y Lerdo, instituyó un sistema en el que su propia persona es la figura central y dominante; en el que su capricho es la Constitución y la Ley, cualquier semejanza es pura coincidencia.  

Además de lo anterior, señala el autor, “por medio del cuidadoso reparto de los puestos públicos, de los contratos y los privilegios especiales de diversa índole, Díaz ha conquistado a los hombres y a los intereses más poderosos para formar parte clave de su sistema”, o sea creó su mafia del poder.  

Uno de los principales métodos para despojar de sus tierras al pueblo ha sido la expedición de la ley de registro de propiedad patrocinada por Díaz, la cual permitió a cualquier persona reclamar terrenos cuyo poseedor no pudiera presentar el título registrado. Ahora el SAT dentro de la miscelánea fiscal puede pedir información de sus ingresos en todos lados y si no hay registro de impuestos, hay cárcel o confiscación de bienes.  

El autor señala que, con diversos métodos, muchos periódicos de oposición dejaron de circular por haber sido encarcelados los directores y destruidas o confiscadas las imprentas. Ahora tal vez no quemen las imprentas o las destruyan, pero han matado a 160 periodistas, y el Parlamento Europeo hizo notar que alrededor del 95% de los asesinatos contra comunicadores permanecen impunes.   

Bien dice la compañera Anabel Hernández; AMLO, tan lejos del Che, cerca de Pinochet… nosotros decimos, sigue el camino de Porfirio Díaz, convirtiéndonos en un “México bárbaro”, en donde la impunidad prevalece y hay más muertos diarios que en un país en guerra como es Ucrania.