David Hidalgo Ramírez
Ese conjunto de procesos físicos y químicos por medio de los cuales se logra convertir a los nutrientes de los alimentos que ingerimos, en la energía necesaria para que nuestro cuerpo cumpla con todas sus funciones vitales, se le llama metabolismo.
Conforme vamos envejeciendo, nuestro metabolismo va cambiando, cada vez quemando menos calorías y procesando lo que comemos de forma diferente. Con frecuencia este cambio se ve reflejado en el aumento de grasa abdominal y en la pérdida de masa muscular.
Una parte importante de los procesos químicos de nuestro cuerpo se realizan en el hígado, uno de los órganos internos más voluminosos que poseemos y en dónde se realizan más de 500 diferentes funciones vitales que están relacionadas con todo lo que comemos, respiramos o nos untamos.
La bilis es una sustancia que se produce en el hígado, indispensable para transportar todos aquello que no sirve a nuestro cuerpo y, al igual que la sangre que sale del estómago y los intestinos y que pasa por el hígado, cumplen una función importante para desechar aquellas sustancias que pueden resultar nocivas a nuestra salud.
Gracias a nuestro hígado digerimos los alimentos, eliminamos sus toxinas y almacenamos la energía que obtenemos de lo que comemos; pero cuando a nuestro hígado llega un exceso de toxinas y grasas, estas se van acumulando en nuestro organismo para convertirse en el origen de diversos problemas que afectan a todos nuestros sistemas. Adicionalmente, emociones como la ira, el mal humor y la violencia, contribuyen al mal funcionamiento de nuestro hígado.
Tomar la decisión de llevar una dieta sana en la que las frutas y las verduras jueguen un papel principal en nuestra alimentación, contribuirán al adecuado funcionamiento de nuestro hígado. Tomar agua de manera regular e incluir el consumo de especias y alimentos amargos como la cúrcuma, el boldo, el romero, la salvia y el aceite de oliva, ayudarán a limpiar “nuestro laboratorio químico”.
Alimentos como el brócoli, la espinaca, la coliflor y las coles de Bruselas, además de ayudarnos a bajar de peso, nos proveen de fibra vegetal de buena calidad y de componentes que facilitan el metabolismo.
También es recomendable hacer ejercicio, evitar el consumo de grasas saturadas, azúcar, sodio y limitar el consumo de proteína animal; favoreciendo la ingesta de frijoles, nueces, semillas de calabaza, ajonjolí y semillas de girasol. Ignorar la importancia de tener un hígado sano, aumenta el riesgo de padecer edema cerebral, trastornos hemorrágicos, hígado graso, fatiga crónica y cáncer, entre una lista de 100 padecimientos que pueden originarse en nuestro hígado.
















