Miguel Ángel López Farías
¿Realmente podrá el gobierno de la República contener el poder de los narcos? ¿Existe algún indicio, estrategia, idea o lo que sea de lo que se piensa hacer para terminar con el reino de terror? lo que ocurrió en Reynosa este sábado pasado nos hace concluir que este es el síntoma de un estado fallido.
La cacería de inocentes por parte de sicarios en Tamaulipas rebasa el horror en décadas pasadas… los comandos armados vuelven a dictar la vida y la muerte, ahora mucho peor que los días más oscuros del sexenio de Calderón o de Peña… (recuerda el burlesco meme de ¿Cuántos más Peña, ¿cuántos más?) 15 inocentes abatidos solo porque se encontraron en medio del fuego cruzado de los verdaderos amos de la región.
¿Quién defiende a los ciudadanos que como en Reynosa piden, ruegan por que el gobierno que sea, en el nivel que sea, les brinde un nivel mínimo de protección? La alta Comisionada para Naciones Unidas soltó desde Ginebra lo que en todo el vecindario se dice: México es el paraíso de la violencia, la normalización de los crímenes es alimentado por un gobierno que se muestra incapaz y hasta cómplice de los poderosos carteles de las drogas, un guion que no es leído por los de la 4T.
Las palabras de Michel Bachelet tasan el infierno que significó el pasado proceso electoral, un vals que fue dirigido por las armas de los criminales, muerte y amenazas como compases de una narcoelección. Ni más ni menos.
Pero el señalamiento de la ONU es acompañado por las tres visitas de los altos funcionarios de Washington a nuestro país, desde la vicepresidenta Harris pasando por el de la CIA David Cohen o Mayorkas, la cabeza de seguridad nacional de EUA.
Visitantes que no llegaron para turistear sino para colocar en este patio los reflectores directos hacia Palacio y mandar la señal de que no se irán hasta que su vecino arregle el desastre.
Lo que está ocurriendo en México es fuera de órbita, no existe lenguaje que describa ni dolor que lo llene… Reynosa nos regresa a la realidad, de la gran pantomima bañada en sangre que vivimos.














