Teófilo Benítez Granados

Rector del Centro de Estudios Superiores en Ciencias Jurídicas y Criminológicas (CESCIJUC).

Una nueva normalidad nos impone diferentes esquemas de interacción y negociación. El trabajo cambia radicalmente y lo que las universidades pueden heredarle a las empresas de todos los sectores económicos son los nuevos paradigmas del aprendizaje.

Este es un breve recuento de lo que hemos aprendido en los cursos en línea a lo largo de nueve meses de pandemia:

  1. Optar por la interactividad sobre el contenido. Conviene familiarizar a los usuarios sobre destrezas específicas en lugar de mostrar conocimientos minuciosos y exhaustivos. Es conveniente seguir la regla de Pareto a la inversa: 20% teoría y 80% utilidad práctica.
  2. Apoyo tecnológico. No basta imponer herramientas, sino lograr que cada incorporación tecnológica facilite el trabajo del día a día. En los posible, conviene cuantificar productividad, retornos de inversión, ventajas competitivas y otros signos que vuelvan amigable el empleo de las tecnologías de la información o Big Data, por ejemplo.
  3. Visibilizar liderazgo. Es tiempo de “acortar” la distancia entre los directivos y sus equipos de trabajo. El distanciamiento social recortó significativamente los viajes de trabajo, por lo que es posible establecer relaciones más cercanas con los colaboradores e, incluso, fomentar el couching en las organizaciones.
  4. Reforzar los cambios. El trabajo a distancia propició mayor énfasis en reforzar los comportamientos y destrezas deseadas en los equipos de trabajo. De alguna manera, se rompió la inercia impuesta tras décadas de asumir que las prácticas y comportamientos deseables aparecerían o se reforzarían por inercia o mediante pláticas informales en los pasillos. Actualmente el home office obliga a observar más de cerca el cumplimiento de los cambios deseados en cada departamento y organización.
  5. Gamificación. Los elementos lúdicos, como mayor empatía, solidaridad e incluso prácticas lúdicas, se imponen ante un ambiente de gran incertidumbre y riesgo. De alguna manera debe aflorar nuestra parte más humanitaria y cálida con los otros. Incluso se detecta un mayor interés por asuntos diversos cuando en éstos está implícito un juego.

Aún no sabemos cuándo volveremos a las aulas presenciales. Sin embargo, sobre la marcha aprendemos cómo interesar a nuestros estudiantes, convertir las teorías en sistemas de vida y generar soluciones e información que nos permita construir un mejor futuro para todos.

Vivimos un parteaguas en el que no es posible añorar la vida de antes de la pandemia. Muchas de las enseñanzas durante esta nueva etapa llegaron para quedarse. El aprendizaje continuo es una de ellas, de ahí la importancia de gestionarlo y prepararlo para el futuro.

Al unísono, las empresas se convierten en agentes de cambio a una alta velocidad. Las respuestas al mercado deben ser inmediatas y la adopción de las tecnologías resulta ya ineludibles. Así, las instituciones de educación superior deberán apostar por el aprendizaje continuo y buscar modelos funcionales en las aulas, porque tales paradigmas también lo son para la vida.