El trabajo consiste en lo que estamos obligados

a hacer, sea lo que sea, y el juego consiste

en aquello a lo que no se nos obliga

Las aventuras de Tom Sawyer

Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez

Tal y como se esperaba, la plancha del Zócalo lució llena para que Claudia Sheinbaum cerrara su gira de dos años de gobierno. Realmente, nada nuevo en la narrativa; el discurso es el mismo de las mañaneras, que todo va bien y, obviamente, el contraste con los gobiernos del pasado. Esos encuentros en la plaza pública son una especie de campaña velada, que se vea la fuerza de la mandataria, del movimiento y el encanto que tienen con el pueblo, eso sí, con la operación del acarreo a todo lo que da.

Pero, sin lugar a dudas, un frente que le ha dejado muchos negativos a Claudia Sheinbaum es el rubro de la salud. Siempre hay alguna protesta por los lugares que visita. Qué bueno que la presidenta se entere de lo que realmente pasa en ese sector, de lo que sufren los pacientes, pero también de lo que tienen que enfrentar médicos y enfermeras cuando trabajan con carencias. Eso no se borra de un plumazo ni mirando hacia otro lado.

Apenas la semana pasada, en la conferencia matutina, le preguntaron a Sheinbaum sobre las carencias y las protestas. Obviamente, la presidenta negó que exista inconformidad y, a regañadientes, aceptó que el cuadro de fármacos no está al cien por ciento. Aquello de que seríamos Dinamarca, que tendríamos un sistema de salud de primer mundo, fue pura demagogia tropical de su antecesor y ella, la heredera. Ni modo.

Los casos se siguen presentando. Solamente el de Gabriel C., que se dio hace unas semanas: él tiene insuficiencia renal y fue admitido de urgencia en la Clínica 24 del IMSS. A pesar de la gravedad y de requerir una cirugía para remover una hernia, tuvo que hacer fila durante once largos días para ingresar al quirófano. No se puede negar la saturación, además de la falta de fármacos para su tratamiento.

Las penas de todos los días: pacientes que esperan durante horas, médicos y enfermeras que hacen lo que pueden con recursos limitados, equipos que no funcionan, falta de especialistas y medicamentos que no llegan a tiempo. Y cuando se trata de tratamientos específicos, las carencias pueden convertirse en angustia para las familias que no tienen otra alternativa más que esperar y entrarle a las oraciones.

Desde Palacio Nacional insisten en que el sistema de salud avanza y que se trabaja para garantizar la atención médica, pero el problema es que las palabras no curan. Por ejemplo, en el IMSS Estado de México Oriente, pacientes siguen esperando fórmulas magistrales. Se trata de preparaciones específicas, hechas a la medida para cada paciente y que no se pueden comprar en cualquier farmacia. El problema alcanza a personas con insuficiencia renal, para quienes la continuidad del tratamiento es fundamental. La administración del doctor Jorge Martínez Torres ya enfrenta quejas que llegaron al Órgano Interno de Control del instituto.

Los números hablan: casi 60 mil pacientes requirieron fórmulas magistrales entre enero y agosto, en más de 24 unidades médicas. Incluso existen solicitudes de recursos para los llamados “Productos para Medicina Magistral”. Entonces, ¿hay o no hay desabasto? Porque mientras se niega desde el discurso, los pacientes siguen esperando un medicamento que necesitan y que, en algunos casos, tienen que buscar y pagar por su cuenta.

Un sistema de salud fuerte no puede construirse con discursos ni con cifras maquilladas, sino con medicamentos disponibles, médicos, especialistas, equipo suficiente y atención oportuna.

Aquí no debería haber espacio para la improvisación, porque estamos hablando de vidas humanas. Por eso también debe esclarecerse hasta las últimas consecuencias qué ocurrió con los bebés que murieron y determinar si hubo fallas, negligencias o carencias que pudieron contribuir a esas muertes. Las familias merecen respuestas, pero también justicia y la certeza de que algo así no volverá a ocurrir.

¡Nos quedó lejos Dinamarca, el que lo gritaba está en la Chingada! Ni modo… pero mejor ahí la dejamos.

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