• 4T deteriora el pobre prestigio que como país tenía México protegiendo criminales

Miguel A. Rocha Valencia

Con se rollo de la soberanía y el injerencismo que desde hace meses nos cantan todos los días en palacio Nacional se acabó la posibilidad de creer en las cifras de la 4T en materia de seguridad, ya que como si fuera mucho hacer, se regodean con la captura de miles de “promotores de violencia”, pero no cortan el brazo político del crimen organizado como lo exigen desde Estados Unidos.

Y según nos cuentan, los gringos no insisten en la materia para que en México le resuelvan sus problemas sanitarios, financieros y de corrupción que alá son grandes, sino con la idea de cortar las líneas de suministro de drogas y dinero “negro” que circulan en la sociedad y sistema financiero estadunidenses.

Porque según nos cuentan mientras exista el suministro de drogas y dinero derivado de actividades ilícitas, se fomenta el consumo de las primeras y el “lavado” del segundo que, según cálculos del departamento del Tesoro, no bajan de los 100 mil millones de dólares anuales.

Es entonces cuando se plantea la disyuntiva de qué se debe hacer primero, si acabar con el suministro de drogas y dinero mal habido o el consumo y lavado de los mismos. La tarea debe ser conjunta y salirse de retóricas demagógicas disfrazadas de nacionalistas.

Cada quien debe hacer su parte, pero de nada sirve que detengan a decenas de miles de presuntos delincuentes si las cabezas del crimen organizado continúan con el negocio y renovando los ejércitos de sicarios mediante el secuestro y la desaparición forzada de jóvenes de entre 16 y 45 años, de los cuales, según los reportes, más de cuatro mil 500 son de Sinaloa en sólo dos años. En jalisco se reportan 12 mil jóvenes desaparecidos y una cantidad similar se reparte entre Michoacán y Guanajuato.

Eso significa que los cárteles siguen funcionando a todo lo que dan a pesar de la estrategia de meter a la cárcel a los malhechores, de los cuales, por cierto, no se entregan cifras acerca de cuántos salen en libertad casi de inmediato por la ausencia de “pruebas”, como está demostrado en el caso del asesino de la becaria española en Morelos.

Es una puerta giratoria, donde un solo delincuente puede contabilizarse varias veces como detenido, porque, así como entra el reclusorio, sale por diversas razones. Sería bueno saber cuántos de los 100 mil detenidos están sujetos a proceso y ya están en las calles haciendo lo de siempre, delinquir o como diría la 4T, “generar violencia”, con pocas probabilidades de ser capturado dado el índice de impunidad que llega al 97 por ciento.

Y es que como en la mitológica hidra de Lerna, cuando se corta la cabeza de un cártel, salen varias más que los sustituyen en la estructura criminal, lo mismo en los niveles de “jefes” que en la milicia que se recluta mediante la desaparición forzada de jóvenes que prefieren ser sicarios y cobradores que convertirse en cadáveres.

Por eso cuando se reclama que nos gustaría saber qué hacen al otro lado de la frontera contra los distribuidores de drogas y traficantes de personas de allá, la verdad es que poco debería importarnos cuando acá bajo un demagógico principio de soberanía nos indignamos y decimos que nadie se puede meter a decirnos qué hacer con nuestros criminales y menos aún si se trata de funcionarios de la 4T que protegen, se asocian o sustituyen a delincuentes.

Porque no hay duda que en nuestra administración pública (bueno, la de la 4T) hay una gran pudrición y lo mismo encontramos a hijos de expresidente que gobernadores ligados a actividades ilícitas trasnacionales como el narcotráfico o el huachicol, lavado de dinero o vendimia de personas, además del lucrativo negocio de la extorsión, los contratos oficiales a los cuates y hasta la realización de negocios turbios a cuenta del presupuesto público.

Confundimos, perdón, confunden los cutroteros soberanía con la protección de narcopolíticos reclamados por un gobierno que se ve afectado por actividades ilícitas, por la corrupción que brota todos los días de la administración pública que cínica defiende a los suyos, los protege a pesar de las consecuencias negativas para todo un país que, como México, ya adquirió fama mundial no tanto por su corrupción y su violencia sino por la impunidad que se imparte desde lo más alto del poder.

En EU tienen la espinita de Rubén Rocha Moya y los que están en fila; eso no se va a olvidar y el cobijo de impunidad no va a alcanzar cuando de allá se tomen decisiones por la vía del Huachicol y el narcotráfico, entre otros.

Pedir la entrega de criminales con disfraz funcionarios morenistas por sus ligas con la delincuencia no es injerencismo; debería darnos vergüenza que a nivel internacional la 4T se exhiba como protectora de corruptos y que con ello se gane precisamente el mote de narcogobierno.

*Nota, Por cierto, aunque no lo merezco, me tomaré unos días de descanso.