Enrique Escobedo
Poco antes de los festejos de las fiestas patrias recibí algunos mensajes en mi teléfono celular cuyo contenido era invitarme a no acudir a la plancha del zócalo capitalino, ni a cualquier plaza pública en la que se daría el grito de independencia. Los argumentos, a mi parecer pueriles e infundados, decían que no había algo que festejar y otros proponían hacerle el vacío al mal gobierno. Léase, existen personas que se sienten indignadas por la pésima gestión Sheinbaum, lo cual es cierto y por lo mismo consideran que aplicarle a la señora eso que en primaria denominábamos la Ley del Hielo será el elemento detonador del buen gobierno o significará su caída y el fin de Morena.
Me parece francamente risible que algunas personas intentaran sabotear las fiestas patrias y la verbena popular. Entiendo que hoy ninguna nación es totalmente independiente. Ni la Unión Americana, Rusia, China o las otras potencias del Grupo de los Seis son autosuficientes en todo, pues vivimos en un mundo globalizado que articula los avances científicos, que modula las tecnologías, sobre todo las informáticas, que comercia bienes, servicios y alimentos bajo criterios de acumulación inspirados en la usura personificada en Shylock del Mercader de Venecia y que los insumos necesarios que hoy se fabrican a fin de procurar calidad de vida se distribuyen inequitativamente en todo el mundo. También entiendo que las finanzas públicas internacionales y la economía mundial están articuladas en un nudo gordiano y sostenidas en alfileres. De ahí que ninguna nación puede gritar a los cuatro vientos que es totalmente independiente.
Por lo que respecta al mal gobierno de la actual gestión, tienen razón. Estamos, grosso modo, en manos de personas servidoras públicas improvisadas. De ahí el mediocre crecimiento de la economía. Además de que es una gestión que tiende a ideologizar dicotómicamente mediante la anacrónica postura de derechas e izquierdas con lo cual la sociedad se fragmenta. Por si fuese poco, ya quedó demostrado didáctica y pedagógicamente el fracaso del modelo educativo de la “Nueva escuela mexicana”, también es un hecho, pues soy una más de las víctimas a quien le consta que los servicios de salud han caído en lo precario y que faltan medicamentos. Por lo que respecta a la seguridad pública las cifras oficiales son halagüeñas y no pudo demostrar que pueden estar maquilladas, empero la percepción de temor permea en los círculos de amistades con la cuales convivo no creen que haya disminuido la delincuencia.
Sin embargo, aunque se trata de una expresión trillada, La Alegría Mexicana es una realidad y nos gusta la verbena popular, disfrutamos la fiesta con los colores patrios, el son del mariachi y la convivencia entre amigos y familiares. Por ende, que bueno que fracasaron esos memes que intentaron sabotear los festejos patrios.
La biografía de las gestiones presidenciales en México en lo que va del siglo XXI es de mediocridad en muchos sentidos, pero la biografía de la nación es otra. Es la tradición del esfuerzo cotidiano, a fin de celebrar el Grito. Léase, una verbena es un paseo o celebración nocturna, por lo general al aire libre con música, baile y puestos de comida. Una manifestación de orígenes romanos que consistía en recolectar la planta sagrada llamada verbena, cuya tradición se mantuvo durante la edad media en la noche de San Juan y que en México se vive en la noche del 15 de septiembre al iluminar el cielo, escuchar música, bailar, cantar y festejar la vida. Es decir, en nuestra patria, no obstante su clase política, si tenemos mucho que festejar.













