Siempre he sostenido el axioma

de que los pequeños detalles son,

con mucho, lo más importante

Sherlock Holmes

Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez

Durante muchos años, los personajes que dejaban la Presidencia prácticamente hacían voto de silencio; con ello se mandaba el mensaje de que ya no se entrometerían en el gobierno en curso, aunque por debajo de la mesa movían sus piezas para no irse del todo, colocar a los suyos y, luego, poco a poco, se iban apagando. Esa era otra vieja liturgia del PRI del siglo pasado, pero todo cambió con la llegada de Vicente Fox a Los Pinos.

Más que zorro, Vicente Fox fue y ha sido un chivo en cristalería. Llegó rompiendo protocolos y eso era algo que gustaba al respetable, pero muy pronto se mostró como era, y la corrupción saltó durante el sexenio del supuesto cambio. Cómo estarían las cosas que se acuñó aquello de la “pareja presidencial”, por el poder que tomó Martha Sahagún y cómo terminó con mucho poder y hasta con el sueño de postularse a la Presidencia; afortunadamente, no pasó.

Fox nunca guardó silencio. Se ha mantenido activo e incluso declaró que hizo todo para que López Obrador no fuera candidato en 2006; fracasó con aquello del desafuero. Luego Felipe Calderón fue el caballo negro, el tal “hijo desobediente”, y le ganó la candidatura a Santiago Creel. El guanajuatense no tuvo más remedio que aguantar, ya no había nada que hacer.

En la administración de Calderón se mantuvo replegado, pero fue cuando más lo increparon en la calle. Calderón lo contuvo por un tiempo; claro, los problemas de inseguridad y las matanzas eran demasiado y le ganaban a cualquier escándalo. Cuando se abrió la carrera por la Presidencia, Vicente Fox dejó el PAN, jaló con Enrique Peña Nieto, ya que Josefina Vázquez Mota no tenía ninguna posibilidad y dio por perdida la elección antes de que se celebrara. Eso sí, colocó a varios de sus seguidores en aquel gobierno y dejó de pertenecer al partido que lo encumbró en 2013.

Fox había sacado al PRI de Los Pinos en el 2000 y ese era parte de su legado, aunque ya sabemos que es acomodaticio. No deja de ser interesante que Vicente Fox volviera a donde, políticamente, parecía imposible que regresara. Apareció en la sede nacional del PRI, ahí junto al heredero del viejo régimen, Alejandro Moreno, para hablar de democracia, contrapesos y de la necesidad de construir una alternativa frente a Morena para 2027 y luego para 2030.

La fotografía, más allá de filias y fobias, retrata el tamaño de la crisis de la oposición, porque, aunque no se esté de acuerdo con el régimen, eso no implica negar la crisis por la que pasan desde hace años. El PAN perdió buena parte de la fuerza que tuvo cuando Fox llegó a la Presidencia; el PRI dejó de ser el partido hegemónico y hoy apenas sobrevive entre divisiones y un “Alito” que dejará la dirigencia hasta 2030.

A pesar de declarar que el PAN irá solo en las elecciones, la realidad es contundente: solos no les alcanza en la mayoría del territorio, aunque eso implica asumir, de nuevo, el estigma de que siempre han sido lo mismo.

Obviamente, Sheinbaum aprovechó la escena para lanzarles un dardo: “¡Imagínense!, quieren regresar al pasado de corrupción y privilegios”. Y volvió a utilizar una expresión que Morena convirtió en una de sus principales armas discursivas: el “PRIAN”. Según la mandataria, PRI y PAN “supuestamente eran partidos distintos, pero siempre se ayudaron, mostraron lo mismo”. Aunque, curiosamente, Morena esté plagado de ellos y su máxima figura se formó en aquel viejo partido, en lo más rancio, y vaya que se parecen.

Al final, unos hablan de regresar al pasado y otros de construir el futuro, pero buena parte de los personajes son los mismos, los discursos se reciclan y los partidos cambian de camiseta según la circunstancia. Regresar con cartuchos quemados para conquistar a un electorado joven se ve realmente complicado. ¡pobre oposición!… pero mejor ahí la dejamos.

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Hasta la próxima.